39 de fiebre. Clínica de la perversión
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Seminario 2018 - 2019

La ciencia y la verdad. El triunfo de la religión

MIQUEL BASSOLS. ANTONI VICENS, DALILA ARPIN, ISABELLE DURAND, PALOMA BLANCO, DOMENICO COSENZA, ROSA LÓPEZ, MARIE-HÉLÈNE BROUSSE

Conferencias y debates 2018 - 2019

Curso introducción al psicoanálisis. Freud y Lacan

Curso de introducción a los conceptos fundamentales de la clínica psicoanalítica, dirigido a Psicólogos Clínicos, Psiquiatras y profesionales que trabajan en la clínica y la atención a personas, e interesados en la orientación psicoanalítica de Freud y Lacan.

39 de fiebre. Clínica de la perversión

39 de fiebre
Clínica de la perversión
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Reseña de la clase impartida por Domenico Cosenza

Rocio Arias

Reseña de la presentación de Domenico Cosenza  sobre los capítulos 15 y 16 del Seminario 16 de Jacques Lacan: De un Otro al otro, en el Seminario del Campo Freudiando en Granada el 20 de diciembre de 2014.

En primer lugar, Domenico Cosenza nos señala el carácter heterogéneo de ambas clases determinado por los 39 grados de fiebre con los que Lacan imparte la primera de ellas, en la que nos habla de una forma muy amplia de la enseñanza del psicoanálisis y de la relación entre éste y el medio social contemporáneo. Por el contrario, la segunda clase es un denso y sistemático tratado acerca de la clínica de la perversión.


CAPÍTULO XV: 39 DE FIEBRE

Inicia su trabajo haciendo referencia a un pasaje donde Lacan nos habla sobre su posición ética, sobre su punto de enunciación respecto a su enseñanza. Nos explica que su principal utilidad es dar la sensación a los psicoanalistas de que no pueden impedirle seguir haciendo su trabajo, su discurso va más allá de la respuesta que obtenga de ellos.

En varios momentos del desarrollo de su pensamiento, Lacan se pregunta qué es una enseñanza, en concreto qué es una enseñanza en el campo analítico, y si su seminario es una enseñanza. En los primeros años 50, Sócrates es la encarnación de la posición analítica. Lacan define al analista como maestro dialéctico, es decir, alguien que desde una posición de no saber empuja a su interlocutor a la producción de su propio saber. Este es un tiempo diferente en el que la posición de Lacan respecto a su enseñanza es la de analizante, posición que no variará nunca. Nos señala que si no se enseña desde esta posición no se trata de una verdadera enseñanza en el sentido analítico sino de la transmisión de un saber hecha bajo la forma de transmisión del saber universitario. Por eso se plantea el problema de la enseñanza del psicoanálisis en la Universidad, cuya particularidad es producirse desde una perspectiva que no es la del discurso universitario. Y aquí reside la paradoja de la transmisión de la enseñanza del psicoanálisis, no se trata de un déficit de saber analítico sino de un problema  de estructura de discurso.

En este momento, Lacan inventa una noción de discurso nueva que desarrollará en su siguiente Seminario con la teoría de los cuatro discursos, teorización con la que dará un golpe definitivo a la identificación entre el analista y Sócrates. Pero ya en este Seminario introduce una definición nueva de enseñanza, una definición materialista de la misma en el sentido de los conceptos introducidos por Marx para pensar las prácticas productivas. Piensa su enseñanza como un trabajo material, como un trabajo de producción y no de revelación. Un trabajo material que para funcionar necesita de algunos elementos estructurales como son una cadena significante, un material sobre el que trabajar y un proceso de producción.

Lacan se plantea cuáles son las consecuencias de esta lectura de su enseñanza como trabajo de producción y esto le lleva a hacerse algunas preguntas sobre su auditorio que es una condición indispensable para que su enseñanza tenga lugar: quiénes lo conforman y qué vienen a hacer. Su auditorio lo integran psicoanalistas, personas que no saben lo que hace pero que van a verle cuando se convierte en una celebridad y, por último,  universitarios. A su pregunta sobre qué vienen a hacer, nos responde que vienen a mirar, vienen a ver a alguien que no sabe lo que hace. Introduce así el objeto mirada en su enseñanza, y nos habla de su posición de analizante, "no sabe lo que hace" es una posición estructural, es decir, el ser hablante no es el amo de su palabra, algo habla en el mismo que va más allá de su intencionalidad consciente. También se refiere a su auditorio de psicoanalistas utilizando una metáfora obrera: ellos son unos amos y él está en una posición de siervo, y su enseñanza tiene la finalidad de sacar a los analistas de una condición de confort que una cierta modalidad de formación ha producido en ellos impidiendo que puedan ocupar la posición éticamente adecuada para permitir al inconsciente del analizante poder hablar. Y les habla en un estilo muy dificil que reproduce el estilo mismo del funcionamiento del inconsciente que no procede de forma lógica.

Los universitarios tienen un interés especial para él porque lo que ocurre en la Universidad tiene una estrecha relación con lo que habla. En su teoría de los cuatro discursos elaborará un discurso específico que llamará discurso de la Universidad. Es un momento de una fuerte protesta estudiantil y Lacan la aborda diciendo que dicha protesta es un síntoma de la insuficiencia de la Universidad para cumplir su función que es la transmisión del saber y que se produce en un momento de máximo desarrollo del discurso capitalista que ha creado la sociedad de consumo. Piensa que en la lógica del capitalismo cualquier mecanismo de control del poder que pueda incidir sobre el mecanismo propio del mercado que tiene un funcionamiento autónomo, es una utopía. Esto obliga a repensar la función del saber y del poder. Lacan deconstruye una cierta ideología según la cual el poder está concentrado en la posición del amo, al contrario, piensa que el amo está en el interior mismo de la maquinaria que funciona automáticamente, es decir, la maquinaria funciona independientemente de quien detente el poder, el poder está en otro lugar, está en un mecanismo que es propio del discurso capitalista. En este sentido la revolución como tal no puede incidir en este mecanismo. Lacan dirige este discurso a los universitarios para permitirles salir de una posición ideológica en la lectura del capitalismo. Es necesario encontrar un punto que permita ubicar de forma más sólida esta posición de crítica y  éste es el objeto a: lo que ve son los significantes pero lo que actúa es el objeto a y es necesario encontrar la forma de leer lo que pasa y producir una transformación que Lacan llamará en su seminario siguiente el pasaje de discurso, y éste, nos dice Cosenza, es el punto central de todo el Seminario: el objeto a como punto clave a partir del cual podemos encontrar una manera efectiva de tratar todo lo que pasa en el nivel de los significantes.

Para finalizar, Lacan nos hace una observación acerca del uso de la palabra "manipulador"que se hace en la práctica de la clínica en intituciones;  se habla mucho del "paciente manipulador". Para él no tiene ningún fundamento analítico, nadie puede manipular a otro. Se trata de ubicar una modalidad de hacer de un sujeto en la estructura, ver cuál es su relación con el goce, con el otro. Es una observación que va en la misma línea de deconstrucción del amo.


CAPÍTULO XVI: CLÍNICA DE LA PERVERSIÓN

En esta parte de su enseñanza Lacan refunda toda la estructura de la clínica a partir del objeto a como punto clave a partir del cual leer lo que está en juego en la dimensión clínica. Introduce algunas tesis sobre la estructura de este objeto que estarán en el centro de toda su elaboración sobre el mismo. Una de ellas el el concepto de extimidad: el objeto a tiene una estructura topológica, es decir, una lógica de funcionamiento que no permite distinguir de manera espacial un interior y un exterior. El objeto a tiene una relación de extimidad con respecto al sujeto porque se caracteriza al mismo tiempo por ser algo extraño para el sujeto mismo pero que sin embargo está en su misma fundación. Esta es la paradoja del objeto a respecto a la experiencia psíquica y constituye el pasaje fundamental de Lacan en su enseñanza: en el corazón del sujeto del inconsciente hay un objeto, un objeto parcial con una función de residuo, es decir, que no puede reconducirse enteramente a la dimensión simbólica, se queda como fuera de ésta, y que funciona en la experiencia del sujeto como causa de su deseo y al que Lacan llama objeto a. También lo define como objeto captura del goce. El goce del sujeto se condensa en ciertos puntos precisos que busca constantemente y que en la lectura de un caso clínico nos esclarecen acerca de lo que un sujeto dice y hace. El Lacan clásico ponía más énfasis en la función del Nombre del Padre en la clínica, función que sigue siendo importante pero la dimensión crucial es el objeto a como objeto captura del goce del sujeto.

A partir de estas consideraciones, Lacan nos introduce en la clínica de la perversión. En primer lugar hace hace un recorrido por los pasajes fundamentales de Freud al respecto y se pregunta si tiene sentido hablar de la perversión a partir de los fantasmas perversos del neurótico, si se puede entender la perversión como el reverso de la neurosis. Lacan tiene una idea de la perversión más estructural, nos dice que hay que pensarla a partir de su estructuración en el campo del lenguaje y de la función de la palabra y en esta dirección utiliza la referencia al grafo del deseo. Lacan nos indica algunos ejes estructurales necesarios para dar una caracterización estructural al discurso de la perversión. Respecto al grafo del deseo es importante tener en cuenta las cadenas que lo componen: en la cadena horizontal inferior está en juego la dimensión simbólica; en la superior está en juego la pulsión, el fantasma, en ella se manifiesta la acción de lo real sobre lo simbólico y ahí debemos ubicar la dimensión del sujeto.

Toda la clínica de la perversión que Lacan desarrolla en esta clase gira en torno a dos matemas que encontramos en el grafo del deseo:
1- S (A) (barrado): consiste en que en la experiencia del Otro no hay Otro del Otro, es decir hay un punto de incompletud estructural en el Otro que es el punto estructural de la castración del sujeto y es clave en la experiencia del sujeto. En esa falta el sujeto construye el fantasma que le da un sentido, una identidad, una identificación a la que queda atrapado.
2- El objeto a: en este momento su función es encarnar la falta, la tachadura, el agujero en el Otro.

Esta pareja conceptual está en el corazón de la clínica que Lacan desarrolla en este Seminario, y que gira en torno a cómo el sujeto soluciona su relación con estas dos dimensiones estructurales de su experiencia.

A partir de aquí empieza su discurso sobre la perversión. En el centro de esta clínica están los objetos pulsionales de la voz y la mirada. La operación que realiza el perverso es tapar el agujero del Otro, hace existir al Otro, su finalidad es hacer gozar al Otro.

Para pensar bien la clínica de la perversión es indispensable considerar el exhibicionismo y el voyerismo, y el masoquismo y el sadisamo, como posiciones disimétricas, diferentes entre sí.

En el exhibicionista es esencial aislar la función de la mirada en el campo de lo visual. Su intención es hacer aparecer en el campo del Otro la mirada, convocar la mirada del Otro. La razón de esta exigencia es evocar lo inalcanzable de la mirada en su relación topológica con el límite impuesto al goce por el principio del placer. El punto clave es que quiere hacer surgir la mirada en el lugar del Otro desierto de goce, vela por el goce del Otro.

No es simétrico lo que ocurre con el voyeur, a éste le interesa interrogar en el Otro lo que no puede verse, en la visión de un cuerpo le interesa el punto donde hay algo que falta. En la génesis de esta posición está quizás el ojo indiferente del tro y su respuesta es restituir en el Otro un suplemento con su propia mirada que lo hace gozar. Tapa el agujero del Otro con su propia mirada.
En ambos casos, exhibicionismo y voyerismo, la mirada tiene la función de suplemento.

En el sadismo y el masoquismo,el objeto puesto en juego es la voz.
La operación del masoquista solo la podemos entender si tenemos en cuenta la centralidad de la dimensión de la palabra. Su goce apunta al límite de la palabra y se sitúa en una posición particular respecto al Otro en el campo de la palabra: se sitúa en la posición de perro de la voz del Otro, y buscará un tipo de otro que pueda ser cuestionado en este punto de la voz. Por ejemplo, como lo ilustra Deleuze, esa voz caprichosa y fría de la madre que manda como un perro al sujeto masoquista, o esa voz del padre que escuchó más de la cuenta. El masoquista pone la voz en el Otro como suplemento, la voz completa y tapa el agujero.
En el masoquismo la voz funciona como encarnación del Superyó.

¿Qué ocurre en el sadismo? El sádico intenta completar al Otro quitándole la palabra e imponiéndole su voz, pero en general falla. . Lacan subraya la esencialidad en la clínica del sadismo de la dimensión del lenguaje porque el exceso sádico no existe sin la dimensión del mando. El sádico no es más que un instrumento del suplemento dado al Otro pero que el Otro no quiere aunque le obedezca.

En el goce perverso el sujeto está en la posición de amo solo ilusoriamente, en realidad está en una posición de instrumento.

Como nos ha mostrado en estas referencias a la clínica de la perversión, Lacan nos dice que no podemos orientarnos en la clínica del sujeto sin tener en cuenta la relación entre el sujeto y el agujero topológico que encarna el objeto a y que constituye el corazón de su relación con el Otro.

A diferencia de como ocurre en la perversión, en el neurótico, el problema del objeto a se presenta a nivel del narcisismo secundario en su forma caracterizada como captura imaginaria. Hubo en alguna parte una relación, no de suplemento sino de complemento con el UNO con la que investimos la pulsión oral. Sin embargo, esta pulsión se caracteriza por centrarse en un tercer objeto que se sustrae, tan inasequible en su género como la voz o la mirada: la placenta. Es un residuo que se pierde pero que está en la constitución del sujeto mismo y funciona como elemento que resiste a esta idealización especular que está en juego entre el niño y el objeto encarnado por el Otro. Lo que aparece en la experiencia del neurótico es la imposibilidad de encajar el objeto a en el plano imaginario en conjunción con la imagen narcisista. Todo esto se ordenará en la tercera línea del grafo. El objeto a se presenta como algo que no permite la operación de sublimación, se queda como algo residual de forma estructural.

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