El fantasma del perro que ladra. La imagen del guante dado vuelta. El sacrificio de la dama tabú. La risa de los dioses inmortales.
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Seminario 2018 - 2019

La ciencia y la verdad. El triunfo de la religión

MIQUEL BASSOLS. ANTONI VICENS, DALILA ARPIN, ISABELLE DURAND, PALOMA BLANCO, DOMENICO COSENZA, ROSA LÓPEZ, MARIE-HÉLÈNE BROUSSE

Conferencias y debates 2018 - 2019

Curso introducción al psicoanálisis. Freud y Lacan

Curso de introducción a los conceptos fundamentales de la clínica psicoanalítica, dirigido a Psicólogos Clínicos, Psiquiatras y profesionales que trabajan en la clínica y la atención a personas, e interesados en la orientación psicoanalítica de Freud y Lacan.

El fantasma del perro que ladra. La imagen del guante dado vuelta. El sacrificio de la dama tabú. La risa de los dioses inmortales.


Reseña de la clase impartida por Anna Aromí


Eduardo Velázquez Navarrete


Reseña de la presentación de Anna Aromí de los capítulos 9 al 12 del Seminario 6 de Jacques Lacan: El deseo y su interpretación, en el Seminario del Campo Freudiano en Granada el 16 de enero de 2016.


El inicio del seminario 6 está plagado de sueños. El camino que observamos es el de la interpretación de los sueños de Freud a la interpretación del deseo de Lacan, movimiento en el que se formaliza el objeto causa del deseo.

El recorrido del deseo implica el salto del enunciado a la enunciación, lugar del sujeto. ¿Sabe un sujeto lo que dice cuando habla? Este camino supone abrir el campo de la interrogación, paralelo al del deseo. “¿Qué quiere decir esta tosecilla?” se preguntaba el paciente de Ella Sharpe. “¿Qué habla dentro de mí que no soy yo?” En la enunciación está la fórmula general del enigma.
 
El sueño, como enunciación, se produce para el análisis y  es portador de un mensaje. ¿Qué verdad escondida hay en esto que el analizante dice? Ella Sharpe no puede ubicar algo vivo del paciente, la tosecilla, y el paciente produce un sueño a costa de esta tos. La resistencia está del lado de la analista en este caso. Sabe cosas  pero no puede ir más allá de donde su propia teoría le deja.
Allí donde Ella Sharpe construye fantasías, Lacan formaliza el fantasma como una estructura: el campo del sujeto y el campo del objeto. Lo que está delante y detrás de la puerta.
 
La hora de la verdad es la hora del deseo y además es una hora inquietante. No es serena, no es pacífica, al contrario: la hora del deseo es el renacer de la tensión, momento en que el sujeto no tiene dónde agarrarse. Y esto, aunque parezca mentira, no depende del padre y del Edipo. El padre es el que puede asegurar la respuesta del deseo de la madre... pero no hay Otro del Otro, no hay un padre último que de cuenta del deseo.
¿cómo atrapamos el deseo entonces? Freud atrapa el deseo con el sueño: en el sueño hay una x, una incógnita: el objeto.
Lacan busca otros instrumentos, y uno de ellos es el grafo que tiene forma de anzuelo. Pero este grafo gira en torno a un agujero, un vacío central. ¿Qué delimita el deseo del sujeto? Delimita la posición del sujeto frente a cierto objeto intermedio, entre una pura y simple significación asumida, clara, transparente para él -S(A)- y por otro lado algo cerrado, enigmático, que no es del todo un fantasma, que no es una necesidad, que no es un empuje ni un feeling sino que siempre es del orden del significante en calidad de tal, aunque enigmático.

¿Qué guía tenemos para descifrar el enigma? No solo el sueño sino también el fantasma detrás de la puerta, donde está el goce, imposible de decir. El fantasma viene a construir algo en relación a ese goce porque el deseo del Otro es siempre un enigma al estar el niño entre la madre y la mujer. En el fantasma o se está como sujeto o se está como objeto, y obviamente esto es un equilibrio inestable en tanto que del deseo no podemos estar seguros: el deseo del Otro es siempre un enigma.  

La teoría kleiniana cae del lado del objeto. Así los objetos están claros. El problema es la omnipotencia del niño y su castración. En la teoría lacaniana el objeto nunca está claro y la omnipotencia en juego no es la del niño, es la de la madre: la castración del Otro. La insatisfacción de la madre en cuanto mujer.  El gran aporte del psicoanálisis no es la castración del sujeto, esto se sabía desde mucho antes del psicoanálisis. Es la castración del Otro, no hay Otro del Otro. El sujeto está enfermo para no recordar la castración del Otro. ¿Porqué? Porque con el Otro completo no hay que aportar la propia castración para el goce.
Si el Otro está completo, el sujeto no tiene lugar. Si el Otro no está completo, el sujeto se ofrece para completarlo. ¿cómo hacer entonces para construir un Otro incompleto pero para el que el sujeto no tenga que ofrecerse?

Hay una responsabilidad del analista, que es pasar del primer piso del grafo, del enunciado, a la enunciación. ¿Cómo pasar al segundo piso? Depende de que alguien lo abra y esto implica además  abrir el campo del deseo, que no es sin consecuencias. La potencia del Otro es la potencia del lenguaje y la operación de la alienación hace, para el neurótico, que el lenguaje sea un Otro completo. El análisis pasa por la manipulación del lenguaje, tal como hacen los niños. El Otro al principio debe ser completo para ser descompletado. No se puede iniciar un análisis por el final, sino por el principio. Y al principio hay enunciados, que es sugestión. Los enunciados más interesantes son aquellos que dicen algo del deseo, que aparecen al margen de la voluntad de decir: en los resquebrajamientos de la cadena significante. El acto de enunciar a fin de cuentas intenta taponar la duda con su certeza. Por eso los lapsus, el chiste, los síntomas, vienen a dar una certeza allí donde se abre la duda, donde la duda viene. La enunciación, en el piso superior del grafo, implica duda frente a la certeza del piso inferior, el del enunciado. Entre medias se ubica el deseo y el fantasma.
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El psicoanálisis no se trata de comprender sino de jugar. Jugar con las cadenas significantes, jugar con los elementos. Por eso el fantasma se construye, no se comprende.

El goce es incompatible con la palabra y el psicoanálisis es cuestión de goce, no de palabra. El final de un análisis es hacer soportable la imposibilidad del goce y hacerlo soportable por medio del amor y el deseo, lo que no se produce sin una caída que se consigue perturbando las defensas, pasando por la angustia,  destruyendo el fantasma y dejándolo caer para, al final, llegar a la imposibilidad del goce y al contento que acertamos a encontrar en satisfacciones parciales por medio del deseo. El deseo del analista entonces es dejar un hueco, un deseo vacío, deseo de nada, para que el sujeto se pregunte por el enigma del deseo, ¿qué quiere?, para que construya su fantasma.

Al final de este recorrido lo que se obtiene es un cambio de posiciones: poner el a delante , no detrás, de la fórmula del fantasma.

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Pasar del objeto del deseo al objeto que causa el deseo del sujeto. La pregunta del inicio, ¿con qué objeto me completo?, pasa al final a ¿cual es la causa de mi deseo? ¿Qué me empuja a mí a gozar? Pasan cosas en la transferencia porque ya no es el sujeto completándose con el psicoanalista sino el sujeto dividido por el psicoanálisis mismo. Es el camino del deseo del Otro al deseo propio. Esto nos da la entrada para Hamlet.

Eduardo Velázquez Navarrete

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