Construcción del grafo. Suplemento de explicación
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Seminario 2018 - 2019

La ciencia y la verdad. El triunfo de la religión

MIQUEL BASSOLS. ANTONI VICENS, DALILA ARPIN, ISABELLE DURAND, PALOMA BLANCO, DOMENICO COSENZA, ROSA LÓPEZ, MARIE-HÉLÈNE BROUSSE

Conferencias y debates 2018 - 2019

Curso introducción al psicoanálisis. Freud y Lacan

Curso de introducción a los conceptos fundamentales de la clínica psicoanalítica, dirigido a Psicólogos Clínicos, Psiquiatras y profesionales que trabajan en la clínica y la atención a personas, e interesados en la orientación psicoanalítica de Freud y Lacan.

Construcción del grafo. Suplemento de explicación

Construcción del grafo
Suplemento de explicación


Reseña de la clase impartida por Enric Berenguer


Rocio Arias

Reseña de la presentación de Enric Berenguer sobre los capítulos 1 y 2 del Seminario 6 de Jacques Lacan: "El deseo y su interpretación", en el Seminario del Campo Freudiando de Granada el 31 de octubre de 2015.

En este trabajo, E. Berenguer hace una introducción al Seminario VI como tal y un estudio más en detalle de sus dos primeras lecciones: "La construcción del grafo" y "Suplemento de explicación".

En primer lugar pone en relación este Seminario con los tres anteriores porque Lacan, en sus seminarios  va introduciendo de una forma sutil y discreta cuestiones de detalle que no han sido abordadas de una forma explícita en el seminario anterior pero que tienen toda su importancia y que si se sigue su hilo permiten entender a posteriori su lógica; Berenguer piensa que del Seminario III al VI, Lacan lleva a cabo una transformación continua de la función de lo imaginario.

En una primera época, sobre todo en el Seminario II El Yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica, en el que desarrolla su teoría del Yo, Lacan  parte de una definición de lo imaginario como una pura inercia pasiva que se interpone en la relación del sujeto con el Otro.  Pero en el Seminario III, Las psicosis, estudiando a Schreber, cuando está elaborando su noción de causalidad de la psicosis en función de una carencia simbólica que denominará forclusión, se pregunta  por la función del delirio y nos dice que éste es una superproducción imaginaria que va a suplir dicha carencia simbólica. Y así va a dar un nuevo valor a la función de lo imaginario. Es algo muy discreto, ocupa muy pocas páginas. En el Seminario IV, La relación de objeto, con su lectura del caso Juanito, Lacan plantea que esta estructura simbólica marcada por una carencia  no se limita a la psicosis sino que la va a generalizar. La fobia de Juanito le hace pensar que hay otro tipo de carencias. Juanito para suplir una función paterna desfalleciente, construye los elementos metafóricos no introducidos por ésta, a través de una producción que introduce en una misma gramática elementos simbólicos e imaginarios. En el Seminario V, Las formaciones del insconsciente, hay una preocupación en de encajar todo lo que ha elaborado como estructura de lo imaginario dentro de una estructura simbólica que lo englobaría,  es decir intenta introducir el estadio del espejo dentro de su estructura del grafo que aún no es el del deseo pero en el que empieza a instituirse la definición de estructura como tal en la que incluir lo imaginario y lo simbólico en un mismo funcionamiento articulado. Y en los primeros capítulos del Seminario VI, Lacan, al introducir la fórmula del fantasma, plantea que aún siendo una estructura con una dimensión imaginaria fundamental que ocupa un lugar central en la subjetividad, aparece cuando el Otro muestra su falta. Berenguer señala que si hacemos una genealogía de la fórmula del fantasma, Lacan la plantea como una transformación de la fórmula imaginaria que escribe en términos de relación del Yo de un sujeto con el otro especular. Entre ellas existe una homología de estructura y la cuestión es cómo se pasa de a-a´ a  $ <> a.

Este Seminario es un paso más en una cierta deconstrucción del gran Otro, en la que se trata de cómo ir de un Otro completo a un Otro marcado por una falta. El Otro funciona como una garantía de la articulación entre el deseo y la ley, entonces, si el Nombre del Padre ya no la garantiza ¿qué va a ocupar el lugar de esta garantía faltante? En este Seminario entra en crisis la figura del padre como garantía y Lacan va a necesitar nuevas categorías, pero de forma alusiva, a pinceladas, va introduciendo figuras del padre desfallecientes: el padre de Hamlet con un goce no regulado por la ley marcado por el pecado y la culpa; los sueños de Freud en los que la figura del padre aparece connotada con un meno. Se trata de un padre devaluado pero que no deja de tener una función central en la subjetividad.

De esta forma el término deseo adquiere una función central y se pregunta Berenguer cuál es la novedad del uso del grafo. Del grafo del Seminario V en el que la demanda tendría un papel central, es decir, una alienación completa a un Otro omnipotente, Lacan pasa a un más allá de la demanda en el grafo del deseo de este Seminario, un más allá que tiene que ver con toda una elaboración del objeto metonímico. En el grafo del Seminario V, Lacan muestra que en los recorridos del sujeto en esta estructura, se ve algo que ya anuncia la capacidad del sujeto para desprenderse de cierta alienación radical al Otro en la que el chiste tiene una función esencial como operación a través de la cual el sujeto se puede reír de ese Otro de la demanda que tiene el poder absoluto para nombrarlo: la barra sobre el Otro es fruto de un trabajo activo del sujeto. Sin embargo,en el Seminario VI, dicha barra ya está anticipada como un dato de estructura, es decir, el lenguaje mismo está marcado por una fragmentación estructural. Y en el grafo aparecen marcados estos dos aspectos: los trazos continuos  corresponden a la dimensión sincrónica del lenguaje que introduce un efecto de unidad que le permite al sujeto sostener la ficción de un Otro completo; y los trazos punteados corresponden a la dimensión diacrónica marcada por la fragmentación y la discontinuidad.

Lacan necesita situar esta centralidad del deseo en su teoría con respecto al lugar que ocupa el deseo en Freud, y también necesita encontrar los antecedentes de esta problemática del deseo en la cultura,  centrándose en la poesía y en la filosofía. En cuanto a la poesía toma como referencia un poeta metafísico inglés de finales del siglo XVI, John Donne y su poema The Ecstasy.  Aunque es una referencia marginal en el Seminario, es muy importante porque reinscribe toda la elaboración de Lacan en una discusión general muy relevante en los diferentes discursos sobre la problemática del amor. Y también es la semilla de cuestiones que va a elaborar en su Seminario XX. En estos primeros capítulos aparece de forma alusiva una pregunta sobre el amor, sobre la relación del deseo y el amor, y también sobre la relación del amor entendido como una relación con el otro en la que emerge algo de una falta fundamental en la que está en juego la pregunta sobre el ser del sujeto que Berenguer considera como una definición del amor en este Seminario. Y uno de los aspectos esenciales en la poesía de John Donne es que el amor y el deseo son términos que están en una especie de tensión, no se pueden plantear separadamente. En su referencia a la filosofía, en particular a las teorías medievales del amor, Lacan toma como referencia un libro de Pierre Rousselot El problema del amor en la Edad Media en el que éste distingue dos ejes en torno al amor:
1. Teorías físicas del amor: el amor está relacionado con unas tendencias físicas presentes en el organismo pero orientadas hacia el bien supremo que es Dios. La naturaleza sospechosa de este goce queda así santificada.
2. Teorías extáticas del amor que introduce la idea de éxtasis, salir de uno mismo, y plantea el amor como una relación de una alteridad radical. Es un amor más allá del principio del placer.
Entonces ¿porqué John Donne?, porque en su poesía se plantean los términos mismos del debate teológico entre el amor y el deseo: por un lado está la dimensión del cuerpo, de lo sexual, pero que permite acceder a una dimensión nueva en la que a través del pasaje por el otro se adquiere una ganancia de saber sobre el propio ser y aquí está la interrogación de Lacan sobre cómo plantear la función del deseo como algo que tiene una base en la relación del sujeto con su cuerpo pero que sin embargo está marcado por una función de alteridad y para eso hay que renunciar a la idea de que el deseo está predestinado a un objeto, se trata de pensar algo de otro nivel que vincula más profundamente la función del deseo con la dimensión misma de la estructura del lenguaje.

Lacan también se refiere a Spinoza como un autor que habla del deseo no como algo vinculado a un objeto sino a lo más íntimo y singular  del ser del hombre.

En cuanto a su referencia a Freud, Lacan destaca la centralidad de la noción de deseo desde sus primeros textos  pero señala que  va a confundir excesivamente la fórmula general del deseo con un registro muy específico de las manifestacione del deseo en el inconsciente. En él hay una tendencia a reducir el deseo a un WUNSCH que sería una fórmula verbal,  deseo articulado, sin embargo, la dimensión del deseo que le interesa a Lacan es la que se resiste a la expresión verbal; vincula el deseo con la falla en lo simbólico. Y así va a llevar a cabo una revisión del grafo en la que se trata de "cómo el sujeto va a ocupar su lugar en esta estructura", es decir cómo va a identificarse en el interior de una estructura marcada por una tensión entre la dimensión sincrónica, es decir, el Otro completo, y la dimensión de la diacronía que marca al Otro con una carencia fundamental. En un primer momento, el sujeto recibe su marca del encuentro con la demanda que viene del Otro y lo confronta con la presencia de la estructura del lenguaje y la función de la palabra, pero lo importante es cuando el sujeto empieza a hablar por sí mismo. Lo relevante es la aprehensión del Otro como tal. El sujeto accede a esa dimensión de lo más propio a través de una relación con un Otro que es radicalmente Otro, y que puede dar al sujeto la respuesta a su llamada, ya no es el Otro de la demanda. En ese momento, el sujeto no puede evitar pasar por el Otro para preguntarse por su propio deseo y esto convierte la experiencia del deseo del Otro en esencial porque permite realizar al sujeto ese más allá de la articulación del lenguaje. Y así aparece la definición misma del inconsciente para Lacan que es la apertura de esa división fundamental entre el enunciado, es decir que el sujeto necesita tomar las palabras del Otro, y la necesidad de una enunciación propia que Lacan vincula con el deseo. Y la metonimia es la operación mediante la cual el inconsciente del sujeto introduce una distancia respecto al discurso del Otro y el discurso naciente del sujeto y se instaura a partir de una pura diferencia que introduce un horizonte de ser, horizonte en el sentido de algo inalcanzable pues el problema de hablar en nombre propio, es que nunca va a haber un ser definido y concreto desde el que hablar como dado previamente por el lenguaje, sino que el hecho de hablar abre una tensión imposible de suturar entre el enunciado y la enunciación. Lacan plantea una teoría del amor en la que hay algo de la dimensión de la alienación, es decir, las metáforas del Otro nombrarían supuestamente tu ser, pero hay algo que no puede ser nombrado que pasa por una enunciación propia a través de la metonimia. Con ella, el sujeto trata de introducir lo más particular de sí mismo tomando los significantes del Otros en una función de desplazamiento que de alguna manera los deforma. Pero ¿qué da un marco estable a esta metonimia sin fin? ¿qué va a garantizar que no es la psicosis misma? Ante la imposibilidad de encontrar una respuesta al deseo propio del sujeto, aparece la experiencia del desamparo (HILFLOSIGKEIT)a la que responde agarrándose a la relación especular con el otro que ya está dada pero que emerge secundariamente como recurso. Cuando el sujeto ha asumido el vértigo de la función de la palabra y se sitúa como responsable de una enunciación propia va a seguir necesitando cierta articulación que es homóloga a la función de lo imaginario en el primer piso del grafo, si en éste se defiende con su Yo, en el piso superior se defiende con su deseo y su fantasma que es un anudamiento entre lo simbólico y lo imaginario. Lacan va a desarrollar y a tematizar esta homología a lo largo del Seminario. Y esto va a dar lugar a toda una serie de desarrollos del amor a lo largo de varios capítulos en los que Lacan habla de éste como una experiencia en la que concurren todas las dimensiones: la del deseo como algo que supone una individualidad del sujeto que tiene algo de inalienable, que no pasa por el Otro; por otro lado la necesidad estructural de pasar por el Otro como tal que forma parte de la experiencia más radical del lenguaje; y la intervención de una dimensión imaginaria que da un contenido más concreto y clínico a lo que definiríamos vagamente como ocupar el lugar de un objeto erótico para el otro. El fantasma viene a responder a la pregunta de Lacan ¿qué estabiliza lo múltiple del deseo? es una construcción en la que hay un elemento simbólico que reducido al vacío es la división misma del sujeto, y una relación con un objeto imaginario que, más allá de su función pulsional, tiene una función de identificación.

En el capítulo II Lacan necesita diferenciarse de toda intento de reducir  al sujeto a una relación de cognición, es decir entender al sujeto como sujeto de conocimiento. Para ello establece un debate con el cogito cartesiano debido a la sustancialización del ego que hace Descartes, debate que no siempre va a ser el mismo. Lo que le interesa a Lacan no es un sujeto del conocimiento, tampoco el de la demanda, es decir, previamente identificado a los significantes del Otro, sino con un sujeto que tiene que ver con el resultado de pasar por los desfiladeros del significante y que implica un acto. Quiere distinguirse también de la fenomenología  porque en la reducción fenomenológica se trata de atrapar ese momento en que la conciencia empieza a poder atraparse a sí misma pasando primero por la experiencia de la relación con un objeto a la que estaría ligada la intención. Lacan lleva a cabo su propia reducción fenomenológica y en su grafo, habla de la intención, pero señala que la célula elemental de la construcción del sujeto es la relación con el lenguaje como tal, la dimensión del objeto es secundaria.

En otras lecciones posteriores, Lacan va construyendo lo que corresponde al segundo piso del grafo y sitúa al sujeto que toma la palabra y Berenguer lo pone en relación con la última enseñanza de Lacan, en la que en el segundo piso del grafo, en  el lugar del código, es decir aquéllo que en el registro de la demanda aparecería como los nombres introducidos por el Otro para las tendencias fundamentales del sujeto, va a ser sustituido por el código de las marcas producidas por la demanda. Esta presencia de la dimensión de la marca, en el último Lacan se puede retomar a partir de la idea del efecto traumático de los significantes del Otro que dejan en el sujeto marcas específicas singulares a partir de las cuales es sujeto producirá su propio mensaje. Cuando Lacan habla de lalengua, está respondiendo a un problema que se está planteando en este momento, y que nos conecta con una dimensión actual que es la elucidación de un nuevo paradigma de Lacan en la que no se trata de la preminencia del Otro del lenguaje sino de la lalengua como experiencia absolutamente individual y singular del sujeto.

Y para concluir, Berenguer nos señala que en el Seminario hay una teoría del amor en la que se trata de aunar en una misma construcción la dimensión de lo físico, del propio goce del sujeto, y también la dimensión extática que supone un paso por el Otro que incluye una dimensión traumática. En las experiencias amorosas cuando se rompe la estabilización de la escena extática que John Donne trata de inmortalizar, algo del amor se pierde radicalmente y aparece un reproche muy intenso al otro en el que se trata de volver a arrancarle aquello que se había puesto en él. Y todas esas figuras del padre muerto nos indican que en el amor está en juego la expresión más radical de la vida, pero también lo más mortífero.

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